Automatic Sequence Controlled Calculator (ASCC), más conocido como Harvard Mark I o Mark I, fue el primer ordenador electromecánico, construido en IBM  Tenía 760.000 ruedas y 800 kilómetros de cable. Se basaba en la máquina analítica de Charles Babbage, y tenía el tamaño de una habitación, hacía tareas de calculadora. Su principal característica: la capacidad de ejecutar un programa de forma automática.

Funcionaba con relés, se programaba con interruptores y leía los datos de salida en cintas de papel perforado. La computadora utilizaba señales electromecánicas para mover las partes mecánicas y ejecutar operaciones matemáticas básicas, así como cálculos complejos de ecuaciones basadas en el movimiento parabólico.

Howard Aiken (1900-1973) estudió en la Universidad de Wisconsin-Madison, y posteriormente obtuvo su doctorado en física en la Universidad de Harvard en 1939. Durante este tiempo, encontró ecuaciones diferenciales que sólo podía resolver numéricamente. Ideó un dispositivo electromecánico de computación que podía hacer gran parte de ese trabajo por él.

Construyó la computadora Harvard Mark I en 1944
Howard Aiken

El proyecto llevado a cabo entre IBM y Howard Aiken se inició en 1939, pero no fue hasta 1944 (con la ayuda de Grace Hopper), cuando se presentó oficialmente al público.

Esta máquina era lenta (tomaba de 3 a 5 segundos por cálculo) e inflexible (la secuencia de cálculos no se podía cambiar); pero ejecutaba operaciones matemáticas básicas y cálculos de ecuaciones sobre el movimiento parabólico de proyectiles.La idea de diseñar una computadora para resolver de forma automática, programada, una serie de cálculos, comenzó a idearse por Aiken mientras estudiaba, ya que se dió cuenta de la tarea tediosa de resolver cálculos rutinarios. Un compañero del laboratorio de física dijo a Howard Aiken que intentar fabricar una máquina para hacer cálculos era algo inútil, pues “tenían ya una y nadie la usaba”. Aiken le acompañó al ático y vio que ahí tenían, cogiendo polvo, un fragmento de la máquina diferencial de Babbage.

En 1886, año en que cumplía Harvard 250 años, la Universidad recibió un regalo: uno de los seis fragmentos de la máquina diferencial diseñada por Babbage que su hijo había fabricado tras su muerte.

Después de conocer la máquina investigó la biografía de Babbage, y le impresionó un fragmento:

“Si hubiera alguien que, a pesar de mi ejemplo, decidiera acometer el esfuerzo de construir una máquina que supliera todo el trabajo de un departamento ejecutivo de análisis matemático y tuviera éxito, ya fuera bajo principios distintos o por medios mecánicos más sencillos, no tendría miedo de poner mi reputación en sus manos, pues sólo él podría apreciar la naturaleza de mis esfuerzos y el valor de los resultados que obtuve.”

Fué a diversos sitios a presentar su proyecto, hasta que IBM decidió hacerle caso. Allí habló con James Bryce, y le gustó la idea. Aprobaron el proyecto con un presupuesto inicial de 15.000 dólares, y dirigieron su construcción durante cinco años.

Durante ese período, Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. Cuando Mark I finalmente fue entregado a Harvard en 1944, fue operado por la Oficina de Buques de la Marina (EE.UU.), resolviendo problemas matemáticos que hasta entonces requerían grandes equipos de “computadoras” humanas.

Hasta 1945, “computadora” era una descripción del trabajo para una persona que realizaba operaciones matemáticas para proyectos a gran escala. La existencia de máquinas nuevas como Mark I creó la necesidad de una palabra para describirlas. Alrededor de 1945, la gente comenzó a redefinir tales máquinas nuevas como “computadoras”.

 

FUNCIONAMIENTO

En 1944 se usó para el cálculo de tablas de balística durante la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando Aiken contó con la colaboración de Grace Murray Hopper.

Medía unos 15,5 metros de largo, 2,40 metros de alto y 60 centímetros de ancho, pesaba aproximadamente unas cinco toneladas. Unas cubiertas de cristal que dejaban que se admirara toda la maquinaria de su interior.

La Mark I recibía sus secuencias de instrucciones (programas) y sus datos a través de lectoras de cinta perforada de papel y los números se transferían de un registro a otro por medio de señales eléctricas. El cableado interno de la Mark I tenía una longitud de más de 800 kilómetros, con más de tres millones de conexiones. Los resultados producidos se imprimían usando máquinas de escribir eléctricas o perforadoras de tarjetas.

A la hora de resolver un problema utilizando el Mark I, los operarios comenzaban preparando un programa -compuesto por una secuencia de instrucciones- que era codificado mediante agujeros (o la ausencia de ellos) perforados en una larga cinta de papel. A continuación se introducía la cinta en el ordenador y este convertía los agujeros hechos por el programador en instrucciones y números que se transferían de un registro a otro por medio de señales eléctricas. En ese momento, la máquina comenzaba a trabajar. El ruido que producía era atroz, semejante al de cientos de máquinas de escribir funcionando a la vez.

Aunque tenía componentes electromecánicos era una máquina automática eléctrica. Era capaz de realizar 5 operaciones aritméticas (suma, resta, multiplicación, división y referencia a resultados anteriores). Su interior estaba compuesto por 750.000 piezas de diferentes variedades (ruedas rotatorias para los registros, relevadores…).

Cambiar de una secuencia de instrucciones a otra era costoso, ya que la máquina se tenía que detener y que los operarios cambiaran la cinta de control.

Finalizada la guerra, Aiken siguió trabajando en el desarrollo de ordenadores.

 

Fuentes

Imagen (bajo licencia CC BY 2.0

“Harvard Mark I”, por Waldir

“Howard Hathaway Aiken”, Autor desconocido