La carrera de la autoconciencia: Hölderlin (1770- 1883) y Hegel (1770- 1831).

El idealismo alemán presupone la libertad necesaria para crear una nueva realidad, incorpora el deber del cuidado del otro. Fichte y Hegel, compañeros de universidad, demuestran como a partir del supuesto de la libertad podemos elegir de manera más adecuada la realidad que deseamos vivir.

Hölderlin- Juicio y ser

Poeta alemán, en su escrito “Juicio y Ser” (de sólo dos páginas), se puede observar una profunda mirada sobre el lenguaje.

Demuestra la libertad necesaria en todo juicio, la cual se confirma precisamente porque podemos decidir. No está todo dado, como si fuésemos seres mecánicos (Descartes). El Yo confirma la libertad cuando es capaz de decir “Yo”, y así se da cuenta de que no todo está dado, de que con nuestros juicios, opiniones…estamos creando un tipo de realidad, y por tanto la realidad puede cambiarse.

Ya el Psicoanálisis demuestra que las decisiones que tomamos no son libres, son el resultado de pensamientos inconscientes, los cuales nos hacen ver la “realidad” de cierta manera y por lo tanto de actuar sobre ella (es decir, al decidir no somos verdaderamente libres, sino sujetos de pensamientos autodestructivos).

El Yo ni siquiera es idéntico a sí mismo, ya que de ser así sería imposible o muy difícil llegar a entendimientos; a través de la verdadera argumentación, el intercambio de visiones, podemos cambiar nuestros juicios y así llegar a acuerdos.

La casualidad no existe, detrás de cada elección, juicio… hay motivos, intereses, y por tanto, si nos damos cuenta de ello, las visiones, o las definiciones de “lo dado” que dábamos por evidentes, pueden cambiar.

La física cuántica ya ha puesto los ojos en la naturaleza libre del ser humano, que observa la realidad y la enjuicia.

Georg Friedrich Wilhelm Hegel

“Escritos teológicos de juventud”.

La incomparable influencia que ha tenido en el SXIX y XX los escritos de la juventud. “Escritos teológicos de juventud”. Su teología la establece en contestación al cristianismo; no era un crítico del cristianismo, sino de la teología cristiana.

Así introdujo la Filosofía del Espíritu: trata de dos cosas, la tradición cristiana y el concepto del espíritu.

La filosofía del amor, algo que lejos de ser un mandamiento ha de pasar a ser un deber, una realidad querida. El otro no es alguien con quien nos encontramos una vez en la vida, sino un otro que nos acompaña, y por tanto la filosofía del amor se convierte en una especie de deber, la exigencia de ver al otro como prójimo, en su propio derecho y en su propio ser; exigencia de preocuparse por él y cuidarlo. Por tanto, no es un mandamiento de amar, sino de cumplir con los presupuestos del amor: una unidad entre lo mío y lo tuyo, entre yo y tú, entre los ciudadanos de un país y su sociedad, con su gobierno, el Estado… todo lo que se ha desarrollado por circunstancias de la vida.

Se puede decir que la vida le permite a uno darse la vuelta sobre sí mismo (pasadas desgracias que nos convierten en “otro”).

“Es lo extraordinario de la vida del espíritu, que las heridas del espíritu se curan sin dejar cicatrices, y hacen patente la herida que dejan” (una frase que hace real la maravilla de la vida).

Esto vale para la totalidad de la experiencia, nuestra vida espiritual y humana. Muestra las difíciles alienaciones que se pueden dar: podemos ser heridos y curados.

Arte de la dialéctica

Nacimiento de la dialéctica hegeliana:  podemos decir que el movimiento de nuestro pensamiento es provocado por su contrario. Podemos así comprobar si algo funciona, y si no es así, podemos pensar lo contradictorio en una nueva unidad.

La dialéctica hegeliana tiene ese trasfondo de la vida. El pensamiento es capaz de sobreponerse a todas las contradicciones, y así hacerse más verdadero, más correcto, más concreto. Ésta es la experiencia que hace todo el mundo a través de la experiencia espiritual.

Conducir la vida (levensfürung)

La vida siempre vuelve sobre sí misma a través de todas las alienaciones y heridas. El hombre está en condiciones, no de ir tambaleándose por la vida, sino emprender la tarea de “conducir su vida”: no siempre se sabe de antemano donde conduce la vida, las propias experiencias finalmente forman algo, nuestro destino vital, las libertades que abre al bien, la verdad, la belleza.


Gadamer piensa que hay que cambiar un discurso dogmático. En un mundo lleno de tantas alienaciones: la alienación del hombre moderno, amontonado en las grandes ciudades, esa locura, ese ruido, urgencia incansable, de extraños que molestan y agobian, en éste estético e industrializado mundo de máquinas. Tenemos la posibilidad de esa satisfacción, esa experiencia diferente.

Historia de la Filosofía IV

 

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