Karma proviene de su raíz “cri“, que significa “acción”: tanto la voluntaria como la involuntaria.

Vivimos en un mundo en el cual actuamos, y dicho actuar es nuestro karma; claro está que hay cosas involuntarias, como desgracias (un accidente…) y también son karma; también hay otras que hacemos a sabiendas, voluntariamente, y  también es karma: de la misma manera que actuamos en la vida, la vida actúa en nosotros.

Algunos budistas, no todos, están de acuerdo en la existencia de vidas pasadas, la reencarnación: igual que nacemos en una forma, en el futuro lo haremos de otra, y si así somos es porque en el pasado hemos vivido una vida bajo otra forma, otro ser y hemos actuado de cierta manera. La reencarnación puede entenderse en forma metafórica, y es que tenemos que asumir la responsabilidad cuando nos relacionamos con otros seres, ya que nosotros también podríamos ser otra forma de vida.

Una interpretación superficial puede entender el Karma como una especie de destino, una retribución “justa” de nuestras acciones: si actuamos bien tenemos buen Karma, si actuamos mal, el Karma será desgraciado.

Bajo esta manera de entenderlo, el Karma que suframos será equivalente a nuestras actuaciones, y por lo tanto lo que suframos nos lo merecemos, por haber sido en otra vida de cierta manera.

Esto me parece que no llega a entender la complejidad de la idea: a veces lo que nos ocurre no es que lo merezcamos o no, el universo no actúa con reglas morales, pero sí es verdad que si actuamos en la naturaleza de forma no correcta, nos lo devolverá, por ejemplo, en la ecología, con la actuación de contaminar la naturaleza o sobreexplotarla (tiene sus propias leyes, y nos lo devolverá con “calientamiento global”).

Podemos salir de nuestro ego, entender otras formas de vida, otros seres si empleamos la comprensión o  compasión. No podemos racionalizar todo lo que nos pasa, a veces son simples desgracias y no somos culpables de todo ni es un pago por lo malo que hicimos.

Actuar de una manera u otra, no puede basarse en la posible “recompensa”, sino en principios, valores que tengamos (habrá que ver en qué medida dichos principios nos abren a entender otros seres, o se basa en un ego que trata de imponerse).

A menudo hacemos las cosas, como el acto de comer, de forma mecánica, sin pensar en ella, y eso ocurre porque mientras comemos tenemos la mente en otras cosas: futuras tareas… lo cual nos hace que la acción pierda significado, y no seamos plenamente conscientes de ella, no la vivamos. Actuamos de forma mecánica, como por instinto o realizando la tarea de forma tan repetitiva y cotidiana que pierde todo su significado, o gran parte de él, a causa de no pensar en ella lo suficiente (mientras comemos por ejemplo, no disfrutamos, a causa de estar en otra parte, discutiendo o pensando en algo distinto).

El budismo no dice que lo que te ocurra sea consecuencia de tu virtud, si eres “bueno” o “malo”, pero sí en cierto aspecto lo que te ocurre es por tu actuación, la manera en la que vives tu vida y actúas sobre la de los demás, pues lo que ocurra será consecuencia de tu actuación, y tiene consecuencias sobre los seres que te rodean.

Siendo consciente de tu Karma, se entiende que tus acciones no pueden verse desconectada de sus consecuencias, y de ésta manera se es responsable, tanto de tus decisiones como de las consecuencias que pueden tener.

Cuando alguien dijo de algo que hizo que “no quería hacerlo”, excusa su acción porque siente remordimientos, y así se excusa pensando que en realidad no quería eso. Ser consciente de tu Karma hace que te sientas dueño de tu decisión, que realmente aceptes que eso eres tú, y no lo que crees ser: eres según como actúas, y lo que te ocurrirá está relacionado con esto (no todo, claro está que ocurren acciones involuntarias, pero de ahí a pensar que el mundo actúa según reglas morales…). De lo que te ocurre no eres responsable, pero sí de cómo actúas.

No somos egos individuales, vivimos en un mundo lleno de seres, así como una naturaleza que tiene sus propias leyes y actúa sin “moralidad”. Cuando no la respetamos, y nos creemos dueños de ella, nos recuerda que no es que seamos algo distinto de la naturaleza, sino que Somos naturaleza.

 

Fuentes

  • Alan Watts, El futuro del éxtasis y otras meditaciones, Ed. Kairós, Barcelona, 1972.
  • Alan Watts, Mito y religión, Kairós, Barcelona, 2000.

 

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