Un maestro hace el sonido de una palma con las manos y pregunta: si dos manos suenan así, cómo lo hace una sola?

-Koan atribuido a Hakuin Ekaku (1686-1769), maestro zen

– Maestro, ayúdame a encontrar la verdad.
– ¿Percibes la fragancia de las flores?
– Sí.
– Entonces no tengo nada que enseñarte.

Koan, palabra japonesa: literalmente “documento público” o “caso“, en el sentido de crear precedente jurídico. Proviene del chino “gong’án”: “Registros de casos en un tribunal de derecho público”; las historias gong’án tienen temática detectivesca, de las que se tienen noticias muy antiguas y que fueron destruidas en gran parte debido a la inquisición literaria del S.XVIII y sucesivas guerras.

El Koan se empezó a utilizar en la escuela Rinzai (Japón, siglo XII), gracias al maestro Myoan Eisai. Sucesivos maestros fueron añadiendo diversos koan.

Tiene relación con el budismo y la filosofía Zen, entienden  que el pensamiento “racional” se pierde en dualidades y complejos problemas psicológicos al entender que el pensar y la realidad son dos cosas diferentes. Intentan recuperar un pensamiento que esté dirigido a la experiencia inmediata, más espontáneo, fuera del “pensamiento lógico” que tanto domina el pensamiento occidental.

Plantea una cuestión, cuya resolución es lo que menos interesa, ya que se trata de crear un pensamiento que destruya nuestras seguridades, así como “problemas” que nos creamos nosotros mismos. Es más, tratar de resolverlo indica que no se está en camino de progresar.

El maestro dice los Koan al discípulo para ver en su respuesta hasta qué punto ha comprendido la filosofía zen, sus progresos. El maestro dice el Koan a quién tiene a su cargo, pero siempre teniendo claro que su objetivo no es transmitir conocimientos seguros y ciertos, sino que por sí mismo encuentre las respuestas.

-Cuando un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha, ¿produce algún sonido?

-El maestro preguntó a un monje qué era una piedra

-Uno de los monjes le contestó:

– Desde el punto de vista del Budismo todo es una representación mental, así que yo diría que está dentro de mi mente.

– ¡Debes de sentir tu cabeza muy pesada si vas por ahí cargando con una piedra como esa en tu mente!”

La filosofía Zen busca el conocimiento, el despertar, no a través de las palabras, sino de una manera diferente: la función del maestro no es transmitir conocimientos seguros y ciertos al alumno, sino que trata de despertarle, y provocar que se dé cuenta por sí mismo.

“Mientras pensamos en el acto de escuchar, no podemos oír con claridad” (A.Watts, pag. 198)

Con el Koan, se busca despertar la conciencia (Satori), la experiencia Zen. No es un “acertijo” que haya que resolver, ni busca soluciones “originales”, sino simplemente trata de originar una grieta en el pensamiento, despertarnos y no ver la realidad como algo complejo, un problema psicológico a resolver.

La filosofía zen busca la experiencia directa, un pensamiento que esté implicado y directamente relacionado con lo inmediato, la espontaneidad.

Habitualmente creemos que hay que desentrañar supuestos problemas psicológicos, y la cultura occidental está acostumbrada a un pensamiento así: se nos plantea una cuestión, y tras complejos análisis llegamos a una posición en la vida. De ésta manera consideramos que nuestra “personalidad”, nuestro “verdadero yo” está en conflicto con el mundo que le rodea…

De ésta manera, interponiendo nuestra “razón” y tratando de comprender “la realidad” nos dejamos influir por nuestros deseos, miedos, ilusiones, supersticiones… que nos alejan más de comprenderla, experimentarla. Es decir, cuanto más tratamos de comprender, más nos alejamos de la comprensión, y seguimos atados a la dualidad de diferenciar “realidad” de “pensamiento”.

El Koan trata de buscar esa actitud de experiencia directa, y vivirla de forma espontánea, directa: despierta en el discípulo la tarea de encontrar por sí mismo la visión de que la experiencia es lo que realmente importa, así como las relaciones que establecemos con los demás. Como el andar, correr…no se piensa tanto, se hace de forma espontánea.

El Zen no toma ninguna posición absoluta, no se trata de acumular conocimientos acerca de “la realidad”, sino vivirla de forma libre, sin interferir con nuestro pensamiento complejo, que lo único que hace es diferenciarnos de esa experiencia directa.

El pensamiento no se diferencia de aquello que conoce, sino que lo vive como un proceso, se acomoda a las circunstancias y actúa en relación a ellas.

 Awakening – Ergaki national park

Fuentes

Anuncios