Kintsugi (o kintsukuroi). En japonés significa “carpintería de oro” . Arte que consiste en arreglar objetos rotos (sobre todo cerámica),  utilizando una resina (extraída del árbol de laca) rellenando las fracturas espolvoreada con polvo de oro. También existen otras variantes que mezclan otro material con la resina: el Gintsugi, si se usa plata, y el Urushitsugi, cuando se usa laca urushi.

De ésta manera las cicatrices es lo que hace a un objeto adquirir un nuevo valor, y es más, a causa de ser reparadas el objeto muestra que se ha hecho más fuerte, y es lo que lo hace realmente auténtico. La belleza exterior no es lo que prima, el responder a cánones griegos de belleza. La perfección no interesa.

Las palabras “grieta” y “oro” son homófonas en Japonés.

A finales del siglo XV el shogun Ashikaga Yoshimasa (el gobernante, en quien delegaba el rey), vió como dos de sus tazas de te favoritas, se rompieron; las llevó a reparar, pero quedó decepcionado por el resultado, ya que los artesanos no hicieron otra cosa que pegar las partes rotas con grapas metálicas, solución que no era muy útil, las tazas no quedaron estéticas ni útiles, ya que el té se derramaba por las grietas. Entonces buscó artesanos que hicieran reparaciones bellas y no dejaran el objeto inservible. Y así comenzó dicho arte….

Aparte de en China, donde surgió, con el tiempo y la popularidad se empleará también en China, Vietnam y Corea.

La filosofía que esconde es que las cicatrices forman parte del objeto, y lo embellecen, ya que cada grieta cuenta una historia, y todas ellas se muestran con orgullo, no se esconden. Se repara el objeto y a su vez se le da un nuevo valor. La pieza se rompió, sí, pero también fue reparada, y esto la hace más valiosa.

Dicha técnica fue tan apreciada, que muchos coleccionistas eran acusados de romper deliberadamente objetos con el fin de disfrutar del arte Kintsugi. Incluso algunas piezas eran valoradas más cuando habían sido reparadas que cuando no habían sufrido ningún accidente.

El objeto roto no es reemplazado por uno nuevo y mejor (el peligro del consumismo), sino que es guardado, reparado y convertido en algo mejorado, ya que incorpora su historia, la de los accidentes. Las grietas se conservan, y no sólo eso, sino que se muestran orgullosas y se embellecen para que lo hagan, aportando un nuevo valor.

Dicho arte no considera (al menos no únicamente) la belleza exterior, que sea perfecta, responda a unos cánones de belleza griega, sino que presta atención a su historia.

Kintsugi no habla sino de ser capaces de reparar las heridas, darlas valor e incorporarlas a nuestra historia, sentirlas con orgullo y darlas un nuevo sentido. No rechazar la experiencia porque haya heridas, sino ser capaces de “darlas la vuelta”, y servirnos de ellas para embellecer aún más nuestra historia.

Cada cicatriz de nuestra vida conforma lo que somos ahora, nos define, nos construye. Las heridas es lo que hacen auténtico a un objeto.

La manera que incorporar la herida a nuestra vida es lo que nos permite construir un futuro: en vez de sufrir una herida y quitar valor a nuestra historia, convertir las cicatrices en algo distinto, con significado. Cuando algo se agrieta quizá necesite ser reparado, transformado, superado, y para ello se necesita fortaleza.

Lo que hace bello a un objeto no es su apariencia exterior, al menos esto no es el valor principal que se busca, sino que es hermoso por su capacidad de recuperación. Y esto es posible gracias a mostrar con orgullo las cicatrices, incluso incorporarlas para así hacer más fuerte el objeto: la fortaleza necesaria.

Vídeo que muestra un artesano japonés realizando Kintsugi

FUENTES

https://es.wikipedia.org/wiki/Kintsugi

http://moovemag.com/2015/03/el-kintsugi-tecnica-arte-y-filosofia/

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