Paradoja que habla de la identidad y el cambio: si tenemos un objeto (un barco, por ejemplo), y vamos reemplazando sus partes, hasta qué punto sigue siendo el mismo objeto, y cuándo podemos decir que ha dejado de ser el original para ser otra cosa?.

Teseo fue, según la leyenda griega, el rey fundador de Atenas, hijo de Etra y Eseo, o según otras leyendas, de Poseidón.

Plutarco, Vidas paralelas, Teseo, 23:

La nave de treinta remos en que con los mancebos navegó Teseo, y volvió salvo, la conservaron los Atenienses hasta la edad de Demetrio Falereo, quitando la madera gastada y poniendo y entretejiendo madera nueva; de manera que esto dio materia a los filósofos para el argumento que llaman aumentativo, y que sirve para los dos extremos, tomando por ejemplo esta nave, y probando unos que era la misma, y otros que no lo era.

El barco  fue conservado por los atenienses hasta el tiempo de Demetrio de Falero, es decir, unos 300 años, a base de sucesivas reemplazos de las tablas viejas por unas nuevas. Se consideraba un ejemplo de identidad, de algo antiguo que iba cambiando (las nuevas maderas), sin dejar de ser el mismo objeto.

Un grupo de marineros pensaba que el barco no era el mismo, ya que de tantos reemplazos cambió, y otro grupo pensaba que seguía siendo la misma embarcación.

Con el paso del tiempo, las tablas viejas se utilizaron para construir otro barco, igual, y los dos zarpan. Entonces surge una pregunta: cuál de los dos barcos es el original? Se puede considerar que es el formado por las tablas viejas, originales, pero Teseo piensa de otra manera: su barco ha sido renovado, no cambiado, por lo tanto no ha dejado de ser el mismo.

Sobre el cuerpo humano nos habla Deepak Chopra en su libro Poder, libertad y gracia (en el cual se pregunta acerca de la existencia humana y cómo lograr la felicidad, así como la respuesta a preguntas como ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde iré cuando muera):

Con cada respiración inhalamos miles de millones de átomos que a la postre terminan como células del corazón, células de los riñones, células del cerebro y así sucesivamente. Con cada respiración exhalamos fragmentos y pedazos de nuestros tejidos y órganos, y los intercambiamos con la atmósfera de este planeta. Los estudios del isótopo radiactivo muestran que el cuerpo reemplaza el 98 por 100 de todos sus átomos en menos de un año. El cuerpo hace un nuevo recubrimiento del estómago cada cinco días, una nueva piel una vez al mes, un nuevo hígado cada seis semanas, y un nuevo esqueleto cada tres meses. Incluso nuestro ADN, el material genético que mantiene memorias de miles de millones de años de evolución, no es el mismo que teníamos hace seis semanas. De manera que si piensas que eres tu cuerpo físico, ¿de qué cuerpo estás hablando? El cuerpo que tienes hoy no es el mismo que tenías hace tres meses.

Una frase del libro resume su pensamiento acerca de la conciencia: “La felicidad y la tristeza son caras diferentes de la conciencia infinita. Ambas son transitorias y no somos ni la una ni la otra porque no somos un estado de la conciencia. Somos la conciencia misma que se expresa a través de todos esos estados.”

En Japón ven perfectamente racional el hecho de que algo pueda cambiar pero siga siendo lo mismo. En Japón, el templo del Pabellón de oro en Kioto ha resistido el paso del tiempo desde su construcción en el siglo catorce, y se ha quemado completamente dos veces.

En Japón se considera que la esencia del edificio, lo inmutable aunque haya cambios, es su diseño, finalidad, con lo cual no varía su esencia si persisten estas características. El preocuparse de que haya cambiado porque lo hayan hecho sus componentes, es no apreciar el edificio (y caer en la nostalgia de que porque no sean los mismos materiales ya no es lo mismo).

Douglas Adams, un reconocido escritor inglés, en 1989 realiza junto a Marcos Carwardine una serie documental de radio y su libro de acompañamiento (que aparece al año siguiente), relata:

“Yo recuerdo que una vez en Japón, fui de visita al Gold Pavilion Temple en Kyoto y me sorprendí al observar lo bien que el templo había resistido el paso del tiempo desde que fuera construido en el siglo catorce. Entonces me explicaron, que en realidad el edificio no había resistido, ya que de hecho se había quemado hasta los cimientos dos veces durante este siglo. Por lo que le pregunté a mi guía japonés “¿O sea que no es el edificio original?”.

“Al contrario, por supuesto que es el original”, me contestó, un tanto sorprendido por mi pregunta.

“¿Pero no se incendió?”.

“Sí”.

“Dos veces”.

“Muchas veces”.

“Y fue reconstruido”.

“Por supuesto. Es un edificio histórico importante”.

“Con materiales completamente nuevos”.

“Por supuesto. ¡Si se había incendiado!”.

“Pero entonces, ¿cómo es posible que sea el mismo edificio?”

“Siempre es el mismo edificio.”

Y tuve que admitir que este era un punto de vista perfectamente racional, solo que partía de un postulado completamente inesperado. La idea del edificio, la finalidad del mismo, y su diseño, son todos conceptos inmutables y son la esencia del edificio. El propósito de los constructores originales es lo que sobrevive. La madera de la que está construido decae y es reemplazada todas las veces que sea necesario. El preocuparse por los materiales originales, que solo son recuerdos sentimentales del pasado es no saber apreciar al edificio.”

 

Heráclito dice “Nadie puede meterse en el mismo río dos veces”, esto es porque las aguas no son las mismas, van variando, por lo tanto el río también cambia. Porque ni el hombre ni el agua del río serán los mismos la segunda vez, ya que somos otros, hemos cambiado.

John Locke habla de un imaginario calcetín, al que al cabo del tiempo le van saliendo agujeros y se tapan con un parche, luego otro, al cabo del tiempo otro… deja alguna vez de ser el mismo calcetín si se reemplaza su material poco a poco con parches?

Hegel diría que el yo de hoy está en permanente lucha con el yo de ayer.

Si recordamos las series fotográficas de Warhol, cuándo Marilyn Monroe o Elvis, es repetido mecánicamente, deja de ser el mismo icono?

Si una composición de Mozart la reproduzco tocando una o dos notas mal, incluso tres…Cuándo deja de ser la original? Sería tocar todas las notas exactamente igual, o hay lugar para variaciones (incluso por el mismo Mozart), y que siga siendo la misma composición? O es una obra diferente cada vez que se toca, aun con las mismas notas?

Podemos admitir que algo siga siendo lo mismo aunque tenga cambios, variaciones? La respuesta japonesa es clara: algo sigue siendo lo mismo si responde al mismo diseño y la misma finalidad.

http://iusport.com/not/9546/el-mismo-barco/

https://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_de_Teseo

http://www.juevesfilosofico.com/el-barco-de-teseo/

http://www.mundofido.com/2010/10/el-barco-de-teseo-quienes-somos-en.html

http://www.cibermitanios.com.ar/2014/09/la-paradoja-de-teseo-y-el-barco.html

http://www.santaclaraclasica.blogspot.com.es/2015/04/la-paradoja-de-la-nave-de-teseo.html

 

 

Anuncios