No hay otro mundo que este
No hay cielo, no hay infierno
El reino de Shiva y regiones semejantes
son inventadas por estúpidos impostores

 Sarvasiddhanta Samgraha, libro de la Escuela de Charvaka

Charvaka, Filósofo indio, nacido alrededor del siglo VI a.C. Su pensamiento crea una escuela: Lokaiata, que persiste hasta alrededor de 1.200 d.c.

Chárvaka es un término sánscrito, unión de dos palabras a su vez: chari (‘atractivo’) y vak (‘palabra’). La escuela es llamada Lokaiata, palabra formada a su vez por la unión de otras dos: loka: ‘local, mundo’ y aiata: ‘prevaleciente’.

Escribió el texto en sánscrito Brijaspati Sutra donde se critica las doctrinas hinduistas (la existencia del alma, el karma, la reencarnación…).

No se conservan obras suyas, fueron destruidas a lo largo de los siglos posteriores, dado su carácter crítico con los mandatos religiosos y la existencia de seres sobrenaturales: lo único existente es la inteligencia que podemos desarrollar, nuestra relación en éste mundo, y por tanto hemos de recuperar la importancia, y no infravalorarlo por pensar en otra vida (anterior o futura).

Sigue un pensamiento materialista, piensa que sólo existe éste mundo, no hay más que el que vivimos, y aleja terrores infundados que surgen al pensar en un futuro mundo quizá lleno de sufrimientos, tormentos, o bien despreciar éste mundo y vivir una vida ascética (critica la filosofía tradicional india, aquellos que mortifican su cuerpo para ser “recompensados” en otra vida).

De la misma manera critica a aquellos que piensan cuerpo y alma como cosas diferentes. Para Chárvaka  no hay otra vida después de ésta, la conciencia termina cuando muere el cuerpo, no hay fuerza espiritual, no tienen sentido el ayuno y el ascetismo (mandatos que siguen las religiones), y todo se reduce a sentir placer o dolor: lo importante es ésta vida, cómo la vivimos.

La religión no es sino un fraude ideado por los hombres inteligentes que quieren aprovecharse de los demás.

Su obra fue atacada en su momento por los sacerdotes, incluía una defensa de la mujer; en una obra suya, Naishadhíia, un personaje dice: «Desconfía de los hombres que restringen a las mujeres debido a la envidia [o los celos]. Tanto los hombres como las mujeres tienen pasión, pero las restricciones sólo se aplican a las mujeres».

Pensaba que el mundo era cambiante, es decir producto de la casualidad, y la meta del ser humano era la búsqueda de la felicidad, así como alejarse del sufrimiento.

El conocimiento lo logramos únicamente a través de la percepción, y aunque nos resulte práctico, no podemos comprobar que sea verdadero o falso. Por tanto, no cree en ideas “metafísicas” tales como alma, reencarnación o dios, así como duda de la eficacia de los ritos religiosos (afirman que si los que los realizan creyeran en ellos, en que el animal sacrificado va al cielo, se los aplicarían a sí mismos)

Respecto al sufrimiento, piensa que no tiene utilidad, y al no servir para ningún fin, es inútil. De ésta manera, el único pensamiento posible, la única actuación, es servirnos de él, para aumentar el bienestar de la persona, de la sociedad, con todos los medios que tenga a su alcance.

Puntos en común con el budismo: rechazo de los sacrificios y de las castas, pero en cambio se aleja de buda cuando niega la existencia de un alma o de la reencarnación.

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