Sísifo en la mitología griega, es considerado como promotor de la navegación y el comercio, así como de la avaricia y el engaño. Acerca de su legendaria astucia, se dice que fundó la ciudad de Corinto, y la rodeó con muros para que la gente tuviera que pagar por entrar; también se dice que tenía un rebaño de ovejas, y sospechaba que su vecino se las robaba, así que escribió en cada pezuña de la oveja: “me ha robado Autólico”; su vecino, asombrado por la astucia, le ofreció a su hija como la esposa de Sísifo. Su astucia le llevó a enfrentarse con los mismos dioses, y a causa de la traición a Zeus, se le castiga a empujar eternamente una piedra por la ladera de una montaña, de tal manera que al llegar a la cima, ésta volvía a caer, y el proceso se repite una y otra vez.

La causa de dicho castigo es fuente de varias interpretaciones: Homero nos dice que Sísifo no quería ser mortal, y así es recompensado, viviendo una vida eterna pero a cambio de pagar un precio.

Otra interpretación, debida a Albert Camus (1913- 1960, escritor), dice que Sísifo fue castigado por revelar los secretos de los dioses, y dicho castigo resume a la perfección la idea del absurdo: repetimos la tarea, una y otra vez, sabiendo que no tiene un significado más allá de la propia tarea, es decir, que actuamos a conciencia de que no tiene un valor absoluto dicha experiencia…

La cuestión de fondo es que repetimos tareas y no dejamos de repetirlas pese a saber que no tienen un valor fundamental (Una frase de su libro “El mito de Sísifo: “Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio: el problema del suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”). Es decir, el suicidio sería un hecho al que le atribuimos una salida al sufrimiento, y por tanto es resultado de una valoración de la existencia (ES sufrimiento), y ofrece una salida que parecería triunfal, pero entonces no valoramos en su justa medida el presente… Camus es defensor de la idea del absurdo: aceptar que no hay un significado oculto ni deseable más allá de la experiencia misma.

De igual manera, defender el absurdo no es la ausencia de valores, ya que vivir la propia vida ya es un valor en sí por el que apuesta Sísifo. No hay que olvidar que Camus afirma que “uno debe imaginar a Sísifo feliz”. Tampoco hemos de pasar por alto el poema con el que comienza el libro: No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.

El único significado que encontramos en la vida es la experiencia en sí, realizar experiencias, no esperar que nos salve del sufrimiento, apostar por ella misma. No defiende el quietismo, el consolarse con la idea del absurdo.

Hay que tener en cuenta que Sísifo experimenta la sensación de libertad un instante: el momento en el que llega a la cima con el peñasco, justo el instante anterior a que vuelva a caer: la fe necesaria.

De ésta manera, se considera que el único significado es el que nos aporta el instante, la experiencia misma en el momento en que es realizada.

Una nueva interpretación, es que Sísifo no es más que el disco Solar, que cada día “nace” y “muere”, sale y se esconde, para volver a salir una y otra vez…

Lucrecio, en el Siglo 1 d.c, defiende que la roca es como el poder político, algo vacío por lo que se lucha.

De todas maneras, se elija la interpretación que se quiera, la cuestión es el significado que damos a la repetición constante de una tarea aun desconociendo su significado futuro, algo que no es más que vivir el presente.

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