Debido a un error de traducción en el Renacimiento, se habla de la caja de Pandora, cuando en realidad lo correctconviertede la jarra de Pandora (ánfora, como las utilizadas en agricultura para llenarla de cereales).

Mito que trata del origen del mal. El mal no como lo contrario del bien, sino que es una parte necesaria que convive con los bienes.

Antes de la venida de Pandora, los hombres vivían felizmente con los dioses, y por tanto eran inmortales. Prometeo roba el fuego a los dioses, y con ello consigue la astucia y la técnica, pero a causa de obtener el conocimiento deja de ser inmortal (ya no es un dios y se sabe mortal). Zeus, dios del Olimpo, en venganza le envía a Pandora, mujer que fabrica el dios a partir de arcilla y a quién las Gracias le otorgan Dones, Hermes regala el poder de la falacia y el engaño.

Pandora se casa con Epimeteo, hermano de Prometeo, y como regalo de bodas Zeus disfrazado regala a Pandora una jarra, y advierte de que no la abra.

Debido a la curiosidad, Pandora acabará abriendo la tapa de arcilla que tapa la jarra, y por tanto liberando lo que contiene su interior.

Hay varias interpretaciones: en una se considera que lo que contiene la jarra son males, y Pandora al abrir la jarra por descuido los deja salir, pero cierra la jarra antes de que escapen todos, y la esperanza (que estaba en el fondo) es el único mal que sigue dentro.

Otra interpretación nos dice que la jarra contiene bienes, no males, y al abrirla por descuido, los bienes se escapan volando al Olimpo, junto a los dioses inmortales, y por tanto los hombres sólo conocen males, pero sí que se quedan con el único bien que no escapa de la jarra, y éste es La Esperanza.

Según ésta última manera de entender el mito, la esperanza puede salir de la jarra o no, es decir, que sea un bien o mal está en nuestra mano: puede ser esperanza para instalarnos en la comodidad y la queja, excusa para no hacer nada y aceptar que el destino es irremediable, o bien actuar y ver la esperanza como optimismo para que las cosas cambien, pero aceptando que está en nuestra mano hacer el trabajo necesario, y convivir con los males que nos asolan.

Así, se nos explica el origen del mal, pero no sólo eso. El mal no es lo contrario del bien: la vida está inundada por bienes y males, entremezclados, y lo único que nos queda es la esperanza. Aceptar la vida es comprender que son necesarias las dos partes, no es otra cosa que comprender que la vida es trágica.

De la misma manera, puede ser entendido de otra manera: la jarra es de un tipo como las utilizadas en la agricultura, que almacena cereales. Para llenarla hemos de vaciarla primero, y así salen los males, pero teniendo cuidado de que no se escape la esperanza, que es aquella que nos mantiene ilusionados, con la creencia de que todo se puede solucionar, y que si bien hay males en la vida, es un precio a pagar por obtener bienes (plantamos la cosecha, pero siempre estará el riesgo de que no salga bien, o de que el fruto se obtiene tras largos sacrificios, espera…).

El camino de la vida está entremezclado con bienes y males, es algo inevitable (ya Nietzsche hablará de que es necesario aprender a convivir y aceptar dicha tragedia, la cual aceptamos con el SI del niño).

La única manera de soportar dicha mezcla es la esperanza, espera de un futuro, manera de seguir adelante.

Los griegos, pueblo que acepta la tragedia de la vida y entiende que la razón es la única que podrá ayudarnos a tener esperanza, la ilusión que otorga el arte, la fortaleza necesaria del ánimo, la tranquilidad que aporta la esperanza en un futuro.

Es en fin, el optimismo que nos hace ver el camino de la vida de forma esperanzadora, una chispa de ánimo que se puede encontrar agazapada entre los males que nos asolan.

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