Antiguamente las explicaciones filosóficas venían dadas en forma de paradojas, o bien de mitos, es decir, empleaban una imagen o situación, que servía para que el pensamiento se cuestione a sí mismo, por tanto daba vía para traspasar los límites de lo comúnmente aceptado y pensar sobre ello. La paradoja es  aquello que muestra algo y a la vez su contrario, o bien aquello que requiere una reflexión, porque nos obliga a pensar de manera distinta, ya que no concuerda con nuestro pensamiento “lógico”.

Aquiles compite con la tortuga en un hipódromo, para ver quién de los dos gana corriendo una vuelta alrededor. En principio pareciera que Aquiles, dada su naturaleza ágil, gane a la tortuga, que es lenta. Pero no es así, sino que la que termina ganando es la tortuga, y la explicación es la siguiente:

Aquiles piensa en dar una vuelta completa, y para ello procede así: “Si he de llegar al punto final, primero he de recorrer la mitad del camino, y antes he de recorrer la mitad de la mitad…”, es decir, que no llega nunca, dado que el pensamiento excesivamente racionalista no le deja ver que realmente la tortuga le va ganando, ya que ella va caminando, pasito a pasito, lentamente pero con paso seguro.

El pensamiento abstracto piensa los conceptos por sí mismos, no tiene en cuenta la experiencia o bien la minusvalora. De la misma manera podemos ver como el pensar en dicotomías: “Alma/ Cuerpo”, “Pensamiento/ Experiencia”… Nos aleja del verdadero comprender, y es el tener en cuenta y valorar en su justa medida la otra parte.

Ya Gadamer nos habla de cierta anécdota que se narra acerca de Tales de Mileto, el cual iba caminando por el campo y pensando, cuando de repente se cayó a un pozo seco (hecho del cual se rió una muchacha, y es utilizado para ridiculizar la filosofía como si fuese un tipo de pensamiento que impide ver el suelo que pisamos, ya que se pierde en vaguedades). En cambio, el sentido real del relato es bien distinto: Tales se introdujo dentro de un pozo seco para mejor observar las estrellas.

Amor, Deseo… son conceptos que no se entienden de otra manera que experimentándolos, y a lo largo del camino de la vida de diferentes maneras, lo cual nos enriquece intelectualmente. Si intentamos pensarlos sin tener en cuenta la experiencia, corremos el riesgo de entender sólo la mitad.

De igual manera, hemos de asumir el riesgo de ir avanzando, sin temer perdernos, lentos pero seguros, firmes y a la vez flexibles.

Este pensamiento puede comprenderse recurriendo al saber de los refranes: “El movimiento se demuestra andando”, “Despacito y con buena letra”…

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